Devocional Semillas Miércoles 8 de julio de 2026

Escrito el 08/07/2026
Sendero de la Cruz Sendero de la Cruz

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Pastores, no señores
8 de julio

“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros… no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.”
1 Pedro 5:2–3

Todos, en mayor o menor medida, ejercemos influencia sobre alguien. Unos dirigen una iglesia; otros, una familia. Algunos lideran un equipo de trabajo, una empresa o un ministerio. Hay padres y madres que forman el carácter de sus hijos; abuelos que transmiten valores; maestros que moldean generaciones; empresarios que cuidan de sus empleados; encargados que supervisan equipos; e incluso creyentes que acompañan y discipulan a otros en su caminar con Cristo.

La exhortación del apóstol Pedro no se limita únicamente al ministerio pastoral. Es un principio para todo aquel a quien Dios ha confiado personas.

Apacentar significa cuidar, alimentar, proteger y guiar. Nunca controlar, manipular o dominar. El liderazgo según el corazón de Dios no se ejerce desde la imposición, sino desde el servicio.

Es muy fácil confundir autoridad con autoritarismo. Cuando eso sucede, dejamos de inspirar y comenzamos a imponer; dejamos de formar personas y empezamos a controlarlas. Sin darnos cuenta, utilizamos nuestra posición para exigir obediencia en lugar de ganar confianza mediante el ejemplo.

Sin embargo, el modelo de Cristo es completamente diferente. Él tenía toda la autoridad, pero también toda la humildad. Enseñó con firmeza, corrigió con amor, sirvió con entrega y ganó el corazón de las personas mediante una vida íntegra.

Las personas que Dios ha puesto bajo nuestro cuidado necesitan mucho más que órdenes; necesitan ver un ejemplo. Los hijos aprenden observando a sus padres. Los trabajadores reflejan el ambiente que crean sus responsables. Los discípulos reproducen el carácter de quienes los discipulan. Los equipos suelen parecerse a quienes los lideran.

Por eso Pedro no dice: “Impongan su autoridad”, sino: “Sean ejemplos de la grey”.

La verdadera autoridad espiritual y moral nace de una vida coherente. El respeto que permanece no se obtiene por el cargo que ocupamos, sino por el carácter que demostramos cada día.

Hoy vale la pena preguntarnos:

* ¿Las personas que Dios ha puesto bajo mi responsabilidad se sienten cuidadas o controladas?
* ¿Mi liderazgo inspira confianza o genera temor?
* ¿Estoy formando personas semejantes a Cristo o simplemente consiguiendo que hagan lo que yo quiero?

El liderazgo cristiano siempre tendrá el aroma del Buen Pastor: servir antes que ser servido, cuidar antes que controlar, amar antes que exigir y guiar siempre con el ejemplo.

Para pensar:

Toda autoridad es una oportunidad para reflejar el carácter de Cristo. Allí donde Dios te ha colocado —en tu hogar, tu trabajo, tu ministerio o cualquier ámbito de responsabilidad— recuerda que las personas no necesitan un “señor” que las domine, sino un siervo que las ame, las cuide y las conduzca hacia Dios con el ejemplo de su propia vida.